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Democracia bajo fuego

(Publicado en El Comercio el domingo 13 de noviembre del 2011)

Setenta y dos horas duró la pretensión de Georgios Papandreu de someter a referéndum la decisión de aceptar o rechazar el nuevo plan de Bruselas y el Fondo Monetario Internacional (FMI) para rescatar a Grecia de las garras de la crisis. Ni un minuto más sobrevivió la sorpresiva propuesta frente al cargamontón del mundo financiero, los socios de la Unión Europea y la oposición interna: los mercados volvieron a ensañarse con el euro y las deudas soberanas, Angela Merkel y Nicolas Sarkozy amenazaron con darle la espalda –definitivamente– a Atenas, y la Nueva Democracia (el partido conservador griego) pidió con más ahínco que nunca la cabeza del primer ministro socialista.

¿Era tan descabellada la idea de Papandreu? En Grecia y el resto de Europa casi todos se alinearon en decir que solo a un chiflado se le podía ocurrir entorpecer el trabajo de los bomberos cuando la casa está en llamas. Pocos parecían conscientes de que el rescate europeo en cuestión significaba entregar el país a la tutela exterior, a la austeridad más bárbara y al crecimiento nulo por al menos 10 años, y de que en la calle la desesperación del ciudadano griego, traducida en manifestaciones y huelgas, se multiplicaba peligrosamente al paso de cada minuto. A Papandreu le llovieron críticas e insultos en todos los tonos y lenguas.

Felizmente Europa tiene una reserva pensante que todavía se deja escuchar, pese al poder creciente de los emporios mediáticos que embuten de circo y frivolidades a las mayorías. Esas voces disonantes denunciaron que quien se atreve a convocar a consulta al pueblo, sobre un asunto tan trascendente, sea catalogado de loco y arrinconado como amenaza para toda Europa, y llamaron la atención sobre el hecho de que en el Viejo Continente se comienza a dejar los procesos democráticos a merced de las agencias de calificación, los analistas financieros y las instituciones bancarias.

Para Jürgen Habermas, el saliente premier griego es “el arquetipo de político que fracasó en su intento de marcar la gran diferencia existente entre los mercados y los ciudadanos y entre los imperativos sistémicos del capitalismo financiero salvaje y las quejas con respecto a las promesas rotas sobre la justicia social provenientes de su electorado”. El influyente filósofo alemán pone en guardia a los europeos contra “la vía posdemocrática por la que se han decantado Angela Merkel y Nicolas Sarkozy” y considera nefasto para Europa un escenario en el que el poder se concentra en un cenáculo de jefes de gobierno que imponen sus acuerdos a los parlamentos nacionales.